Publicado: 12/05/2011 UTC General Por: Redacción NU

Donde manda Kapitana, no manda marinero

Hay una coincidencia en vastos sectores del peronismo porteño que a partir de esta elección nada va a volver a ser como antes. Se conjugan varios factores que, combinados, dan una resultante diferente. La movilización de los cuadros y los nuevos ingredientes que impulsa la Rosada. Las claves del cambio.
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Se ve así. Se podría aplicar esta lógica tan común en la política: si todo el proceso hasta ahora fue diferente al habitual, por qué tendría que terminar todo igual que siempre.

Si uno se remonta a los primeros días de enero de este año, recuerda cómo en todas las charlas existía un solo candidato para pelear la Jefatura de Gobierno, que era Daniel Filmus. Una sola manera de manejar los tiempos y las decisiones en una campaña, la tradicional, y que la lapicera recaería en el Senado, ya que si todo lo anterior se cumplía, no podría terminar de otra manera. Entonces uno imaginaba como alternativa el gremio del Suterh de Víctor Santa María (principal sostén de Filmus), donde muchas veces se rubricaron los acuerdos definitivos y, además, porque de esa misma raíz también sale el presidente del Partido Justicialista porteño, Juan Manuel Olmos, también apoderado del Frente para la Victoria y nexo con la Rosada.

El ex ministro de Educación de la Ciudad (durante la gestión de Aníbal Ibarra) y de la Nación (con Néstor Kirchner) también cuenta con otros apoyos estratégicos. Tal es el caso del ex secretario de Medios de la Nación, Enrique ?Pepe? Albistur, quien es otro ?planta permanente? en el esquema del poder porteño, más allá de que Pepe extienda sus dominios a otras provincias y genere siempre nuevas alternativas en altas dosis de creación e innovación política. El último ejemplo es la candidatura de Guido ?Kibo? Carlotto en la ciudad de La Plata.

Pero la Casa Rosada metió la cola en el distrito como nunca antes lo había hecho. Siempre el poder central cayó en la tentación de contar con un apéndice de lujo en el escenario político de la Capital. Así se sucedieron intromisiones recordadas, como la del riojano Antonio Erman González en la época de Carlos Menem, que se alzó con un triunfo histórico, cuatro años antes de la catástrofe del 1,8 por ciento lapidario que cosechara otro porfiado riojano como lo era Raúl Granillo Ocampo.

Sin embargo, esta vez aparecieron con el aval de Balcarce 50, y ganándose el espacio a los ponchazos, contra todas las presunciones y desde abajo en las encuestas, dos personajes absolutamente diferentes por trayectoria política, edad y posicionamiento en el esquema futuro de poder.

Amado Boudou, de extracción liberal, fue creador intelectual y material de dos hechos decisivos en la historia del kirchnerismo: la redefinición política y práctica de los fondos de las AFJP y el salvataje de la deuda argentina a partir de la estrategia de ir a buscar uno por uno a los bonistas perjudicados para no permitir que los bancos los englobaran nuevamente contra nuestro país. Constituyó su vínculo con los porteños, como pudo, entre tanta tarea, y es visualizado claramente como el candidato del poder K y la capacidad de gestionar.

Y desde atrás, remando junto a la militancia peronista que lo prefirió y lo adoptó, con el apoyo de una media docena de agrupaciones del distrito que plantearon sus ambiciones,
sin ser un ?mediático?, como sí lo son sus adversarios en esta contienda, Carlos Tomada llegó a posicionarse en la grilla de precandidatos. Y meterse en la pelea grande. Aunque tenga pocas posibilidades de ser el elegido, tendrá seguramente un destino importante en el mapa futuro del peronismo porteño.

Decíamos al principio que ya nada será igual a lo que conocemos. El verticalismo obligado que imponen los números porteños de Cristina Fernández de Kirchner sepultó toda posibilidad de cortarse con perfil propio. Boudou nació al peronismo en esta etapa y por eso no tiene cuentas pendientes con el pasado, avanza con la frescura de su personalidad y la potencia de ser, de alguna manera, ?el preferido? de la Rosada.

Filmus, en cambio, sí tiene cuitas con los peronistas porteños, cuando se puso en 2009 a la cabeza de la operación ?Carlos Heller? para evitar su propia candidatura, lo que devaluó al proyecto nacional a la mitad de los votos que habitualmente lograba en este distrito, tal como había logrado él mismo en 2007. Tomada, por su parte, es la imagen del ?compañero perfecto? para sus pares. Pero no da, a priori, el physique du rôl en la Reina del Plata.

Nadie sabe por ahora quién será el candidato que represente a los kirchneristas. Hoy mismo, la entrega de dos colectoras a Ibarra y a Sabbatella, por separado, dan cuenta desde dónde parten las decisiones. Las mediciones varían según quién las muestre, aunque Filmus cuente aquí con una ventaja. Pero más allá de la candidatura, lo otro que está en juego es la forma de hacer política en el distrito más rico de la Argentina. Y el grado de cristinadependencia de lo que viene. Algunos dicen que ni el propio Carlos Zannini, el administrador político de todo este juego, tiene la respuesta a la pregunta del millón. Juan Cabandié y los de La Cámpora saben que no se quedarán a pie en esta jugada, que les irá bien como en todo el país. Es su tiempo.

Fue en esa línea que Cristina tuvo el poder y la convicción para evitar las internas que le propusieron. El cambio (y el daño) al statu quo ya está hecho más allá de quién sea el candidato, porque ella decidió cambiar el perro y no el collar.

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