Publicado: 24/02/2008 UTC General Por: Redacción NU

Vitali: Partisano, antes que porteño

Hablar sobre las convicciones y el temple de un hombre estragado y vencido por el cáncer, es un lugar comun , tanto como decir que era un porteño como los que ya no hay. ¿Cuándo hubo porteños como Elvio Vitali, cuándo dejaron de existir, se hicieron todos bloggers, todos globales, cosmpolitas? Yo lo conocí poco, siempre me hizo reír, siempre que pudo ayudó, siempre me cobró los libros, y alguna vez me convocó para un proyecto editorial que capotó a los dos números. A Elvio le debo entender un poco más al peronismo, y la posibilidad de conocer a Juan José Saer. Elvio Vitali era un sobreviviente, un partisano.
Vitali: Partisano, antes que porteño
Redacción NU
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Horacio González: "Elvio Vitali poseía una agudeza extraña, una sensibilidad política de apariencia descarnada. Practicaba un anecdotario de notorio escepticismo sobre la naturaleza humana, pero lo hacía con la alegría de haber descubierto un núcleo irreductible de pasiones cuyo examen solo era propicio para los hombres maduramente desencantados. No quiero decir que no apreciara utopías, bienaventuranzas o incitaciones al cambio valiente de una situación. Precavido, mantenía todos sus ideales juveniles aunque bajo una capa de ironía y gracioso recelo. Por un lado, eso significaba que reconocía las dificultades de la época para expresar un espíritu transformador. Por otro lado, no le gustaba mostrar un lado fácil de progresismo lineal e ideas ya aprobadas. Miraba el lado oscuro de los compromisos, observaba con profundo interés el juego de los intereses y los juzgaba con divertida serenidad. Decía no gustarle lo que realmente lo apasionaba y hacía estallar con un chiste bien forjado una situación empacada y pomposa. Había llegado a la madurez política y al reconocimiento de una ética del bailarín de tango: la fina estilización de una remota herencia orillera. Transitó por librería, bibliotecas y pistas de baile con rara autoridad de exilado. Para mí, mientras lo extraño, no se agota el trabajo de seguir con la tarea de entenderlo".

Fogwill: "Hace veinte años lamentábamos con Elvio que por caprichos de un editor enfermizo el relato Los pasajeros del tren de la noche, uno de los pocos que no me avergüenza haber escrito, apareciese dedicado a un tal Elvio Vitale.
Nuestra venganza fue terrible: con el tiempo convertimos a aquel texto en una pieza dedominio público, y el propio Elvio, durante su gestión, lo reprodujo en las páginas web de la Biblioteca Nacional con el mismo título, y una vez más, dedicado a aquel Vitale equivocado. El texto flotará eternamente en el ciberespacio como testimonio de la rara amistad entre un monto en proceso de reciclaje hacia la transición democrática, un anglogorila de prosapia como Charlie Feiling, una musa rockera como Alina Gandini, una feminista mordaz como María Moreno, y yo, apenas un cliente de la Gandhi y de los dealers que solían venir a cobrarme a la Gandhi. Todo lo poco o nada que pueda tener uno en común con feministas, rockeras, gorilas y montos reciclados pertenece al mundo que magnetizaba Elvio con un intercambio a mil de afectos y pasiones. Compartíamos la devoción por Roberto Murolo y por Luis Cardei y Antoñito de la cantina de Patricios donde él me introdujo con un mero ademán del brazo. Admiraba a Elvio, su capacidad de indicar caminos con un gesto, su arte de crear negocios desde la nada y su noble oído musical. Hoy lo pueden testimoniar los críticos más respetados de Buenos Aires o la revista Lulú: la cassetera de la antigua Gandhi fundó una estética a contrapelo de la radiodifusión argentina y de las multinacionales del disco y hoy sigue marcando un paradigma del buen gusto a pesar de las políticas oficiales de fomento a la música basura. Nuestra última charla telefónica terminó como todas y como terminan nuestras vidas: él decía que no podía creer que yo estuviera con Macri y yo le decía que a mí también me parecía increíble, que era tan increíble como que él estuviese con los Kirchner y el repetía ?no se puede creer? y yo decía lo mismo y como buenos ateos coincidíamos en nuestro no poder creer en nada fuera de la realidad de la ficción, de la amistad, del arte, y de la música verdadera sin amplificadores ni burócratas festivaleros".

Miguel Talento: "Sus inscripciones vitales fueron el peronismo, la cultura, el fútbol y la porteñidad. Podía haber muerto hace más de treinta años, -en un acto, en una pintada, en una cita, en una movilización, en un departamento, en una pinza-, como muchos de la generación militante de los `70. Murió el sábado pasado, después de una lucha dura y digna de más de tres años con un cáncer de páncreas. En ese tiempo extra siguió al frente de la Biblioteca Nacional hasta que resultó electo diputado porteño encabezando su lista, mantuvo su militancia en la Corriente Popular Porteña, intervino en temas culturales relevantes -desde el impulso al polo editorial hasta la actuación decisiva para que la gestión macrista modificara su voluntad de cerrar el Canal de la Ciudad-. Y adquirió conocimientos extraordinariamente singulares en sus noches de tango y de afluencia de turistas post devaluación: sabía que las turcas de Ankara eran mucho mejores bailarinas que las nativas de Estambul. Elemental en su inglés pero maestro eximio en el tango y en el lenguaje universal de la seducción podía entenderse con cualquier mujer del mundo, aunque con un dejo chauvinista prefería las argentinas. El humor fue su arma de comunicación y de relación predilecta, en la política y en la vida. Agudo sin conceder, siempre sabía hasta donde podía dar el chiste. Elegía entre sus múltiples ocurrencias aquella que provocadora, mordaz e inteligente podía sin herir desatar la carcajada ajena. Gozaba provocando la risa colectiva, estaba siempre atento al otro, a movilizarlo como interlocutor, como público, a hacerlo partícipe con el chiste fino y tierno o con la humorada incisiva, brutalmente lúcida y transgresora que resumía miles de palabras, desnudaba intenciones, burlaba solemnidades, hería majestades impostadas. Era un tipo que alegraba la vida, que la honraba viviéndola con intensidad. Elvio fue un gozador pleno de la vida. Inteligente, enérgico, irónico, valoraba el ejercicio intelectual y el compromiso. Compartimos vida y política desde aquellos años juveniles: la militancia, el exilio, los hijos, el retorno, los proyectos comerciales y/o profesionales, las frustraciones renovadoras, el padecimiento menemista y las esperanzas y logros del kirchnerismo. Ante el dolor y la pena de tu muerte, compañero, amigo, hermano vamos a recordar esa combinación tan personal, vívida, compleja e irremplazable que construiste en tus cortos cincuenta y cuatro años. Chau, Tano?".

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