Publicado: 02/04/2011 UTC General Por: Redacción NU

Impunidad para matar

Una joven fue asesinada en una casa tomada en Once por su novio, quien huyó a Perú. Su madre confesó que la chica estaba enterrada debajo de su cama y el juez no la imputó.
Impunidad para matar
Redacción NU
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Un nene de tres años se despierta a los gritos. Pregunta por ella, por su madre. Jenny Patricia Argollo Marcas fue asesinada a los 22 años. Sus padres, Andrés y Natividad, dicen que el chico fue testigo del asesinato. ?Cuando le agarran los ataques dice: ?Mamá Jenny debajo de la cama??, cuentan. Los abuelos de la criatura no entendían lo que el nene decía hasta que el 25 de enero recibieron la noticia. Jenny, su hija menor desparecida por casi cuatro meses, aparecía enterrada debajo de la cama de la madre de su novio, en una casa tomada del Abasto, más precisamente en Ecuador 439.

El asesino, Roger Alexander Pachamando Colan (ver foto), es uno de los hombres armados de los transas peruanos del Abasto. Jenny lo sabía y lo había comprobado por sí misma: visitó el bar Perla Marina, en Sarmiento y Ecuador, que en realidad camufla un reducto de transas, asesinos, adictos y mujeres en estado de prostitución que son sometidas en el subsuelo del local.

Ante este escenario, los padres de Jenny recurrieron a una mujer que vive en el mundo de la marginalidad. Se trata de Margarita Meira, conocida vendedora ambulante que estuvo en la cárcel por enfrentar el Código Contravencional y que desde hace años mantiene el comedor comunitario Madres de Constitución en su casa del pasaje Ciudadela, a una cuadra de plaza Constitución. Hasta allí fueron Andrés y Natividad, entonces, que conocían a Margarita por ser también vendedores ambulantes de ropa, que cosen en un taller que tienen en su casa.

Los padres de Jenny estaban desesperados. ?Los mismos policías de la comisaría 50 nos llamaban a nosotros preguntando si teníamos alguna novedad de Jenny, ¿entiende? Eran ellos los que nos llamaban a nosotros para tener noticias de nuestra hija desaparecida?, relató a Noticias Urbanas Andrés Argollo.

El lunes de 18 octubre, a la tarde, fue la última vez que Jenny estuvo en su casa de la avenida Nazca. El martes a las 13, su hijo regresaba junto a su novio Alexander, más conocido como ?Álex?. Y éste mintió. Dijo que Jenny estaba comprando zapatillas y que regresaría pronto. Eso nunca ocurrió. Tampoco volvieron a ver a Alexander Pachamango. En un
principio, creyeron que andaba triste, por algún bar. Así que el padre de Jenny recorrió todos los bares de Liniers ese mismo día. Presumía que su hija andaba por allí, ahogando penas. A la noche, el hombre finalmente radicó la denuncia en la seccional 50.

En esa comisaría se tomó testimonio por la desaparición de Jenny. Sus padres llevaron fotos y acusaron al novio de ser el responsable. Después de tantas horas de ausencia empezaron a señalar al hombre relacionado al narcotráfico y al prostíbulo que se encubre detrás del bar Perla Marina. Como respuesta, los policías consideraron que la búsqueda empezaría después de transcurrir cuatros días. ¡Oh, casualidad!, después se sabría que ésa es la misma cantidad de días que tuvo el asesino para irse a su país natal, Perú. ?Señora, esperemos porque seguro su hija va a aparecer?, le dijeron a Natividad en la comisaría.

La comisaría 50 tiene sus razones de impunidad. Los familiares de Jenny aseguran que la madre del asesino, Roxana Colan, es la recaudadora de las coimas de los vendedores ambulantes de la calle Avellaneda. ?Se paga a la comisaría 280 pesos por semana por cada vendedor?, expresó Natividad, llamada por su nieto ?Mamá Nati?. Para quienes perdieron a Jenny todo se confirmó cuando se supo que la comisaría 50 no elevó a la Justicia la denuncia por la desaparición de la joven. ?Un mes y medio tardó la comisaría para remitir la actuación?, aseguró a este medio el abogado Carlos Beizuhn.

A los tres días de esfumarse Jenny, la familia Argollo Marcas recibió un mensaje. A través de un celular, el asesino se confesó. ?Siempre fueron buenos conmigo. Perdónenme la cagada que hice?, expresaba en el texto. Esto impulsó a Natividad a indagar aún más sobre el novio. ?Jenny desapareció un lunes con su novio y el domingo fuimos a la casa de éste. Estaba su madre, Roxana. Primero nos atendió la encargada. Nos dijo que tuviéramos cuidado, que era gente peligrosa. Entramos al cuarto. Tenían una mesa en el medio, atrás de nosotros, una cama, y al frente, una cama marinera. Mi hija estaba allí enterrada y nosotros que no sabíamos?. Para ?Mamá Nati?, su nieto presenció el asesinato y si lo hubiera llevado ese domingo, seguro que el chico hubiera hablado.

Una vez que el expediente arribó a la fiscalía de instrucción Criminal Nº 30, de la calle Tucumán casi Carlos Pellegrini, la investigación comenzó por la propia familia de la víctima. ?Fuimos todos a declarar. Hasta las amigas de Jenny. En cambio, a la familia del asesino, nada. Sólo su madre. Entonces acá se nos investigó más a nosotros que a los cómplices o encubridores?, se quejó Natividad mientras atajaba a su nieto que jugaba dentro de su pieza.
En el juzgado Nº 15, que subroga Rodolfo Cresseri, no hubo investigación alguna, ya que la madre del asesino fue quien confesó el hecho y no en sede judicial sino que delante de un sargento de la División Búsquedas de Personas. Desde el propio juzgado, con Santiago Atucha como mano derecha del juez, confirmaron que están esperando aún las pericias de los médicos forenses y que no tienen más imputados que a Roger Alexander Pachamango Colan, con pedido de captura internacional. ?Estamos con medidas en curso. Es lo único que puedo decir?, atinó a revelar uno de los hombres del juzgado ubicado en el quinto piso del Palacio de Justicia.
El 25 de enero a las 19.30 se produjo el allanamiento en la casa tomada de Ecuador 439. Debajo de la cama de Roxana Colan dos baldosas estaban sobresalidas. Jenny estaba envuelta en una bolsa de nylon negro. Para evitar el olor del cuerpo sin vida, al piso le quitaron las maderas y le pusieron cemento con baldosas. Además, cavaron unos 80 centímetros.
Natividad dice que gracias a ?Gustavo (Vera)? pudo encontrar a su hija. ?Una enfermera nos mandó a verlo a la Alameda. Él y el abogado Carlos lo consiguieron. Lo mejor hubiera sido que Jenny apareciera en un prostíbulo. Pero aunque sea ahora tenemos la seguridad de que la encontramos?, comenta la madre de la víctima. Es que el secuestro de mujeres y niños para la explotación sexual está en ascenso. En la Ciudad existe un millar de locales ilegales, algunos con la fraudulenta habilitación de bares o whiskerías, en los que la esclavitud es un método de los comerciantes del sexo que abarata costos y anula riesgos. Y los proxenetas saben que en Buenos Aires no existe una sola condena por trata sexual.

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