La creciente politización de los cortes de calles

La creciente politización de los cortes de calles


Los datos reflejados en el último informe de Diagnóstico Político dan cuenta de un aumento de los cortes en la vía pública y piquetes durante el mes de agosto con respecto al mes anterior. Se registraron un total de 468, lo que significa una suba del 7% respecto a julio, cuando hubo 437 cortes. Sin embargo, si se compara la cantidad registrada en lo que va de 2017 con el número de cortes registrados hasta agosto de 2016, se observa que hubo una disminución del 23%. Una disminución similar se da si se compara con el 2015. Y más pronunciada aún es la baja al compararse con el 2014, que fue el año record en materia de piquetes en el país. En los primeros ocho meses de aquel año se habían registrado un 30% más de cortes que en lo que va de 2017.

Podría afirmarse entonces, de acuerdo a lo que indican los números de manera objetiva, que el nivel de conflictividad social medido por cortes de calle y piquetes tiene una tendencia a la baja con respecto al año anterior, y de manera más acentuada aún incluso, con relación a la última etapa de gobierno del kirchnerismo.

Ahora bien, la sensación generalizada que impera actualmente parece más bien contrariar esos datos estadísticos, en cuanto existe la percepción extendida en gran parte de la opinión pública de que la conflictividad en las calles desde hace tiempo viene en aumento.

¿Qué es lo que explica esta aparente contradicción, que hace que a pesar del decrecimiento incontrastable de la cantidad de cortes de calles y piquetes, al mismo tiempo haya una percepción de mayor conflictividad en la vía púbica?

La principal explicación se encuentra en un fenómeno que se está dando de manera creciente, y que tiene que ver con un mayor grado de politización de la protesta en las calles. Esto, naturalmente, incide en las formas que adoptan los cortes, que tienden a concentrarse en puntos céntricos donde puedan afectar a una mayor cantidad de gente, adquiriendo en algunos casos grados más elevados de intimidación e incluso violencia. A su vez esto impacta directamente en la repercusión pública de la problemática, lo cual, consecuentemente, tiene efectos en la percepción ciudadana.

Es indudable que existe un contexto político-electoral altamente polarizado, y que exacerbado por el caso Santiago Maldonado en las últimas semanas, se ha elevado exponencialmente el termómetro de la tensión política en el país. Pero el aumento en el grado de politización en las protestas en la vía pública no se explica fundamentalmente por la situación de coyuntura reciente, sino que viene siendo parte de un proceso iniciado el año pasado, cuando empezaron a manifestarse notorias variaciones en los factores más bien cualitativos de los cortes. Es decir, los actores que los protagonizan y las consignas que los distinguen.

De este modo, cuando se analizan los datos respecto a los cortes de calle y piquetes a nivel nacional en el último año del kirchnerismo (2015), se observa que los actores de mayor grado de politización (agrupaciones político-partidarias, sindicatos y organizaciones sociales y piqueteras) representaron un 56% del total de cortes. En el primer año del gobierno de Cambiemos este porcentaje ascendió al 66%. Y si se toman los datos de los últimos 2 meses del año en curso (julio-agosto), el promedio es del 70%. Cabe señalar que el aumento de este tipo de cortes tuvo como contracara la disminución de los cortes llevados a cabo por vecinos autoconvocados, -los de menor nivel de politización- cuyos reclamos espontáneos producto sobre todo de cortes de energía se redujeron sustancialmente en el último año y medio.

Esta tendencia de un aumento en el grado de politización de los cortes se ve acentuada aún más cuando se analiza la evolución del fenómeno en la ciudad de Buenos Aires, epicentro de múltiples protestas que en gran medida tienen su causa y origen en reclamos no al gobierno local sino mayormente al gobierno nacional o incluso en algunos casos a los gobiernos de otros distritos. En este sentido, el promedio de piquetes e interrupciones en la vía pública con componentes políticos que se dio en la ciudad en los últimos 3 meses estuvo en torno al 80% del total. El promedio en 2016 fue del 70%, y en 2015 había sido de alrededor del 60%.

Podría afirmarse de este modo, que con el cambio de signo político producido en diciembre de 2015, se está dando un predecible cambio en la actitud y el accionar de muchos actores que, por evidentes motivaciones políticas, encuentran en una de las manifestaciones más reprochables y perjudiciales para el desarrollo del país –la cultura del piquete-, una vía para la consecución de sus objetivos.

 

Roberto Chiti

Politólogo-Diagnóstico Político

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