Oficialismo-Oposición: ¿El fin de la armonía?

Oficialismo-Oposición: ¿El fin de la armonía?

Los que se oponen a la cuarentena ya no están tan solos. Hasta Larreta pide más apertura. Incertidumbre.


L a novedad política corrió casi en paralelo a la sorpresa sanitaria. El temor que generó la llegada del coronavirus a la Argentina trastocó el escenario de manera inesperada. La centralidad de Alberto Fernández generó un clima de diálogo inédito en los últimos años con la oposición. Fue, literalmente, la unión por el espanto (al Covid). Aquel amor inicial se manifestó en algunos datos clave: el Presidente alcanzó niveles de aprobación históricos (por encima del 80% en algunos estudios) y la oposición asumió mansamente el rol de acompañante silencioso. A la distancia, una particularidad amerita hoy una relectura. En ese comienzo, a principios de marzo, Cristina Kirchner estaba fuera del país, en Cuba, asistiendo a su hija Florencia. La vicepresidenta, por caso, no estaba en la Argentina cuando se decidió la primera cuarentena obligatoria. Otros tiempos.

El quiebre de la concordia política, o al menos los primeros síntomas, empezaron a verse entre fines de marzo y principios de abril, cuando aparecieron problemas públicos de gestión, como las escandalosas colas de los jubilados en las puertas de los bancos para cobrar sus haberes. Hasta entonces, las protestas venían básicamente de un sector radicalizado del Pro, con quejas del propio Mauricio Macri, acompañado por sus alfiles Miguel Pichetto y Patricia Bullrich. Eran reclamos que encontraban poco eco.

Pero con el correr de las semanas, ciertas demandas opositoras empezaron a chocar contra un Gobierno que se sintió cómodo gestionando por decreto. Así, el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio, Mario Negri, abandonó la parsimonia y comenzó a reclamar que el Congreso sesione para llevar control de los pasos que daba la Rosada.

Y mientras despuntaba esta demanda opositora, volvió Cristina. La vicepresidenta también pidió reactivar el Senado, pero a su modo. De arranque se peleó con la Corte Suprema y ahora quiere sesionar, entre otras cosas, para devolver la oficina de escuchas judiciales a manos amigas. De paso, Cristina le hace un mandado político a Fernández e impulsa avalar los nuevos superpoderes que le otorgaron al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para mover partidas casi a su antojo.

Esta reaparición de la ex presidenta, con un Poder Judicial trabajando al mínimo y demorando sospechosamente las causas que la involucran, casi que obligaron a la oposición a pararse en su lado natural y crítico del poder de turno.

En paralelo obró otra fuerza, ajena a la política -o al menos no alineada completamente con ella-, y fue la demanda de la gente con una cuarentena que se acerca a los tres meses y hunde más a una economía que ya estaba por el piso. Eso empujó a varios dirigentes a animarse a reclamar una mayor apertura y aquel pedido inicial de los macristas duros ya no quedó tan solo.

Esta reaparición de la ex presidenta, con un Poder Judicial trabajando al mínimo y demorando sospechosamente las causas que la involucran, casi que obligaron a la oposición a pararse en su lado natural y crítico del poder de turno.

El reflejo estadístico de esta grieta reabierta es cómo fue cayendo, de a poco pero sin pausa, la imagen del Presidente. La gran novedad del altísimo apoyo a Alberto Fernández era el aval de votantes no oficialistas –en su mayoría de JxC- que acompañaron aquel impulso inicial del Presidente para combatir al virus. Con el correr de las semanas, y aun cuando sigue siendo el político mejor ponderado del país, Fernández vuelve a números más “normales”.

Y no sólo con la imagen del Presidente se reanima la polarización: cuando se pregunta sobre el rumbo económico o la necesidad de flexibilizar la cuarentena, también son los votantes macristas los más demandantes. Con un matiz: uno de los distritos más afectados por el conoravirus, donde mayor impacto tiene el cese de actividades, es la Ciudad, gobernada por el referente del PRO más importante del momento.

Esto explicaría por qué, ante los reclamos crecientes, Horacio Rodríguez Larreta quiere abrir las actividades a más rubros, pese a que la curva de contagios sigue en un punto alto.

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