Massa, Randazzo y la campaña de los 30 meses

Massa, Randazzo y la campaña de los 30 meses

“Sabemos que esta es una campaña de 30 meses”, explican desde el massismo estando en la recta final de una campaña rara para las PASO.


Comenzó la recta final de una campaña rara y desdibujada para las primarias abiertas. Ese principio del fin nos lo hacen notar agotadoramente los spots de propaganda política forzada en los canales de aire y señales de radio. Sin embargo, el clima electoral no se palpa en la calle ni en el termómetro popular. O tal vez es porque nunca se terminó de disipar completamente desde aquellos intensos días de noviembre previos al balotaje que ganó Macri.

Con o sin densidad, la actividad proselitista se encamina a su primer parate, que será el jueves 10 de agosto, antes del inicio de la veda. Pero el debate por la exclusión del multiprocesado exministro kirchnerista Julio de Vido se devoró la agenda mediática y fue funcional, cómo no, a la frenética polarización entre el oficialismo actual y el oficialismo que culminó hace 18 meses.

Entre la maleza de ese antagonismo entre Cambiemos y el cristinismo, hay en la provincia de Buenos Aires dos terceros cuya estrategia es similar y miran al futuro a sabiendas de que no tienen mucho presente: Sergio Massa con su Frente Renovador y Florencio Randazzo con el Frente Justicialista Cumplir.

“Nosotros sabemos que esta es una campaña de 30 meses”, explican fuera de micrófono varios dirigentes del massismo. El número no es antojadizo, sino que representa la suma de los meses que van desde el cierre de listas de junio pasado hasta una eventual segunda vuelta presidencial en noviembre de 2019.

El tercer lugar cómodo que muestran todas las encuestas –incluso las de las consultoras pagas por el massismo– no dan mucho oxígeno para el optimismo, especialmente considerando que Massa es candidato a senador y no a diputado, por lo que debería obtener en la elección general de octubre al menos el segundo lugar si no quiere quedarse sin un escaño desde donde ejercer su oposición dos meses después.

“Sabemos que vamos a salir terceros con mayor probabilidad. Pero la meta es ya hace tiempo conseguir un resultado parejo”, explican. Massa tiene como objetivo lo que podría denominarse un “digno tercer puesto”, superando los 20 puntos en su bastión bonaerense y quedando a pocos votos del segundo (sea Esteban Bullrich o Cristina Kirchner).

El massismo ya piensa en 2019 y les baja el dramatismo a los pronosticadores más agoreros que creen que si se queda fuera del Parlamento la humillación será tal que no puede tener chances presidenciales. La política tiene cada día menos axiomas y ellos ignoran el que dice que tras una derrota se deja de ser opción de poder. Sus compañeros margaritos del GEN tampoco exudan optimismo: “Stolbizer nunca imaginó una banca”, se los oye decir con crudo realismo.

La situación de Massa es difícil porque cuenta con un partido más debilitado que en 2015 (incluso después de las fugas previas al cierre de listas) y la salida a la cancha electoral de Cristina lo corrió de escena como nunca desde 2015, aunque su punto fuerte es la buena imagen positiva que mantiene firme en la Provincia (pelea el primer puesto con la gobernadora Vidal).

En un lugar más modesto, asoma el ex ministro del Interior y Transporte del kirchnerismo. Con su obcecada jugada de competir, Randazzo argumentó a su equipo que conseguirá su trofeo, el cual nadie comentará en la campaña pero sí después: la interna de liderazgos dentro del PJ para 2019.

“Él sabe que no es su tiempo, todo esto lo hace mirando a los gobernadores y al justicialismo, para posicionarse para 2019”, sostienen desde el sector de Cumplir. Con la mira puesta en que no le copen la parada ni Massa ni el gobernador Juan Manuel Urtubey, Randazzo apostó a perder para poder exhibir una ruptura a tiempo prudencial con Cristina y empezar a tejer alianzas provinciales de cara a la carrera presidencial.

Pero “el Flaco” no la tiene fácil. Sus números no mejoran y hasta en el oficialismo –que le prendió una vela a su candidatura para fracturar el voto opositor– no pueden creer el tiro por la culata. “De los seis puntos que mide, dos se los sacó a Cambiemos, dos a Cristina y dos a Massa”, aseguran.

Randazzo y su compañera de binomio, Florencia Casamiquela, saben que salvo un milagro, no ingresarán en la Cámara alta. Él aspira a poder condicionar los futuros quorum en la Legislatura bonaerense (tiene buen trato con el vidalismo) y en la Cámara de Diputados nacional, en donde sí podrá incorporar al menos al intendente de Bolívar, Bali Bucca (muy cercano a Marcelo Tinelli, con todo lo que ello acarrea) y a Juan Manuel Abal Medina, ex jefe de Gabinete de Cristina. Si los números mejoran, ingresaría Oscar Romero, dirigente de Smata.

Tanto Massa como Randazzo comenzaron a gozar de notoriedad política de la mano de Cristina, que les otorgó cargos de enorme relevancia. El tigrense tuvo la audacia de romper bastante antes del ocaso kirchnerista, pero, tal vez, no lo suficiente como para que un electorado más amplio lo considere una novedad “pura”. El hombre de Chivilcoy se mantuvo hasta el final con Cristina, supo diferenciarse de Scioli y quiere heredar al PJ más que suplantarlo. Ambos son pacientes de un protagonismo que podrá ser en cualquier momento, menos en este presente.

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