La Nueva Normalidad

La Nueva Normalidad

Opinión.


Vamos a hacer un ejercicio de futurología política y trataremos de definir -sin rigor científico ni físico, ni psíquico ni sociológico, pero con la mayor intuición política posible- algunas posibles certezas acerca de la nueva normalidad.

Ésta durará hasta que la mayoría de la gente se preocupe por cambiar su modo de vida para mejorar su situación económico-social, antes que por cómo se denomina la nueva realidad. Allí será el final de la palabra “nueva” y volverá la normalidad, ya que la nueva etapa llegará con muchos problemas, algunos conocidos y estructurales de la Argentina y otros que nos va a endosar -por si fueran pocos los problemas- la post pandemia, convertida en un fenómeno mundial.

La nueva normalidad tendrá un mapa bastante crítico desde lo social, con cifras que oscilarán entre un 50 y un 60 por ciento de pobres en el país que tiene comida para alimentar a 10 veces la gente que lo habita. Y, de entrada, habrá una caída del PBI de alrededor de un 10 por ciento.

La nueva normalidad tendrá un mapa bastante crítico desde lo social, con cifras que oscilarán entre un 50 y un 60 por ciento de pobres en el país que tiene comida para alimentar a 10 veces la gente que lo habita. Y, de entrada, habrá una caída del PBI de alrededor de un 10 por ciento.

 

La nueva normalidad deberá traer alguna receta para ir invirtiendo esa curva que tardará unos cuantos años en retraerse, para el caso de que sean correctas las políticas aplicadas, que saquen a la población de la pobreza. Ahí también la pobreza será la realidad, esa trágica normalidad. Nada nuevo, sólo que mayor.

Las patologías que fuimos adoptando a pesar nuestro en estos cien días, dejarán secuelas en el futuro comportamiento, ya que imperceptiblemente nos acostumbramos a nuevas cosas que nos costará abandonar. Algo tan seguro como que vamos a dejar muchas otras que antes hacíamos, al haber hallado nuevas alternativas, quizás a las que menos nos gustaban. Pero esa transformación desde lo personal, tendrá su correlato en el cuerpo social y ello puede generar nuevos hechos culturales, quizás traumáticos algunos, en la vida de todos los argentinos, pero sobre todo en los habitantes de las grandes urbes y, más precisamente, en el AMBA, que son los más perjudicados.

La nueva normalidad debe necesariamente traer nuevos conceptos, planificaciones serias y correctos desarrollos para el desafío que se nos viene encima o será una catástrofe más de las que nos ha tocado vivir, aunque ésta con un nombre pomposo. La victoria sobre la pandemia, que ojalá logremos en el mediano plazo, dejará tanta oscuridad en muchos sectores de la vieja normalidad, que habrá que ser muy hábil, inteligente y eficaz en la búsqueda del faro que ilumine el parto de una nueva Patria, más justa, libre y soberana. El slogan obvio, es bastante conocido, pero solo demuestra lo pendiente por realizar y el fracaso colectivo de toda la dirigencia anterior en alcanzar esos objetivos. 

De quién es la culpa, ya no está en discusión, ni tampoco despierta el interés de la sociedad. Los partidos todavía tienen lo suyo, pero esta historia reciente la deberán entender y leer correctamente, ya que transformará la demanda social de soluciones en algo más concreto, si queremos ser la Argentina potente que alguna vez soñó un general o un país bananero, aunque VIP, con una clase política y social que administrará la crisis eterna del pueblo y la entrega de lo que aún es nuestro. Por supuesto, con el conflicto histórico asegurado y teniendo que rezar por no desintegrarnos. Se puede repensar -y con éxito- la nueva normalidad. Será posible si se hace cirugía mayor, pero si nos hacemos los tontos, será un drama peor que la vieja normalidad, de eso no tengan dudas.

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