La lucha por la igualdad pelea el minuto a minuto

La lucha por la igualdad pelea el minuto a minuto

Por Malena Montes y Florencia Galarza

La presión de los movimientos feministas le cantaron jaque a la televisión argentina.


“Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún ruido?”. Alguien podrá responder que sí. Sin embargo, llevando este enigma a la modernidad y al ámbito de los medios de comunicación, el filósofo George Berkeley, uno de los máximos exponentes de la corriente filosófica idealista, podría explicar que no, ya que “ser, es ser percibido”.

Cambiemos la pregunta: “Si una mujer muere cada 28 horas y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún ruido?”. Alguien podría decir que sí, ya que se pierde casi una vida por día; el idealismo, en términos de percepción, diría que no.

Visibilizar las consecuencias de vivir en un sistema machista es la tarea de nuestra era moderna. Denunciar, conocer, informar, desenmascarar, desnaturalizar. La revolución feminista tiene ahora un enorme desafío en los medios masivos de comunicación: ser y exigir, ser percibida, cambiar de paradigma. Y hoy esa revolución llegó.

En la noche de la premiación de los Globos de Oro, las mujeres de Hollywood aprovecharon la alta visibilidad del evento, que se transmite a nivel mundial, para denunciar los abusos sexuales que históricamente sufrieron de manera rutinaria y “natural”, por su sola condición de ser mujeres. Vestidas todas de negro, plantearon que ya no son “normales” el silencio y la opresión.

A través de los movimientos #MeToo (“yo también”, en inglés) y #TimesUp (“el tiempo se acabó”), Seth Meyers, Nicole Kidman, Rachel Brosnahan, Margaret Atwood y Oprah Winfrey denunciaron por acoso y abuso sexual a varios importantes productores cinematográficos, entre ellos a Harvey Weinstein, Roman Polanski y Woody Allen.

Así, juntas, anunciaron al mundo que las mujeres no se callan más, que la violencia machista dejó de ser moneda corriente y que ya no hay excusas para que cuando un árbol caiga, nadie escuche. Ahora oyen todos, porque se escuchan los gritos de todos aquellos árboles alrededor del mundo que eligen vivir y morir de pie y ya no subordinados a la suela del zapato de su jefe, del puño de su pareja o acorralados por el simple motivo de no nacer varón.

El feminismo existe desde la Revolución Francesa (1789), cuanto menos, pero es gracias al impulso de las redes sociales que comenzó a existir de forma masiva y rompió la hegemonía patriarcal comunicacional de los medios masivos. Es que, se entiende, si el poder es, en términos marxistas, el dominio de los hombres sobre los medios de producción, serán ellos quienes elijan qué se hace, quién, cómo y a qué costo.

En este orden de cosas, la revolución también es información y es por eso que algunes piensan que “ahora hay más femicidios que antes” cuando, en realidad, es que ahora los percibimos y por eso “existen” en el plano social. No obstante, todos los días, mujeres en todos los rincones del país mueren por la violencia machista, sin dejar una huella en estos “índices”, demostrando que no importan los números per se, sino que por fin lleguemos al #NiUnaMenos.

Recién ahora, públicamente, Juan Darthés, Ari Paluch, Roberto Pettinato o tantos otros quedaron escrachados por lo que son, por lo que hicieron. El feminismo llegó para explicar que la resistencia del “macho” por perpetuar sus privilegios atentan, a su vez, contra el concepto de una masculinidad que resulta imposible de sostener. Por eso, lo que antes transcurría casi silenciosamente hoy es noticia relevante en cualquier medio de comunicación.

De qué se trata el feminismo y por qué se lucha

La única lucha feminista es la búsqueda de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.

El impacto mediático del movimiento feminista dio luz a una lucha que existe desde la ilustración del siglo XVIII. En aquel entonces, las mujeres lucharon principalmente en la superación de los obstáculos legales, como el derecho al divorcio o a heredar la vivienda si el marido perdía la vida.

Tres siglos después, es la televisión la encargada de explicar que el feminismo no es un concepto contrario al machismo, sino que es ir contra la actitud dominante de imponer a un género por sobre otro. Por eso, feminista puede ser un varón o una mujer y machista puede ser un varón o una mujer.

El feminismo incluye a los hombres, porque entiende que el machismo también los afecta. La diferencia es que a las mujeres el machismo las mata cada 28 horas y, si las deja vivas, las somete a una vida de desigualdad económica y de difícil acceso a la educación, a la salud y al trabajo remunerado.

Derecho al aborto legal, seguro y gratuito

El conductor Jorge Rial, desde su programa Intrusos, le dio luz y cámara a una de las principales luchas del movimiento feminista argentino que, a su vez, es la principal causa de muerte de las mujeres gestantes: el aborto ilegal.

En la Argentina, el aborto existe y se practica habitualmente: se calcula que se realizan entre 600 y 800 mil abortos de manera segura. Sin embargo, la ley continúa penando a quien decide sobre su cuerpo, fomentando la creación de un negocio ilegal millonario, que significa la muerte de dos mujeres cada día, en abortos clandestinos.

En todos los países desarrollados, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito está contemplado en la Constitución, como derecho excepcional de toda mujer a decidir sobre su cuerpo.

La Argentina se había comprometido con Naciones Unidas a reducir un tercio de la mortalidad materna para 2015. Incumplió. No bajó nada. Pero esa deuda la pagan las mujeres y la silencian los grandes medios.

Todes tenemos el derecho de elegir a quién amar para toda la vida y de cómo planificar nuestro destino. Cuánto más se sepa, más se van a salvar: la información salva vidas.

Ni Una Menos, Vivas Nos Queremos

No hay una única violencia, hay varios tipos y una es la violencia de género o machista.

En la actualidad, una mujer es asesinada por un hombre cada 28 horas en nuestro país, pero la cifra enfría su significado real: no solo se trata de quitarle la vida a una mujer, es entender que cada 28 horas un hombre abusa de su poder y considera que esa mujer es un objeto de su propiedad.

Una manera fácil de entender el poder que tiene el hombre de imponer su género sobre el de la mujer es pensarlo desde el concepto de racismo. En este escenario, un blanco puede ser racista con un negro pero jamás al revés. Esto sucede porque el blanco tiene, a nivel mundial, el poder de imponerse sobre el negro, ya que posee derechos y oportunidades que los negros no tienen. Cuestiones como el acceso a la educación, la violencia institucional y la salud demuestran que la población de las personas de piel negra históricamente fue relegada de sus derechos, lo que la hace incapaz de tener “poder” sobre los blancos.

En esa línea, la mujer pertenece a un género al que por su propia condición se la relega del acceso a la educación, a la salud, al trabajo y a la decisión de vida. La lucha feminista busca generar un cambio cultural que termine en el acceso en igualdad de condiciones de oportunidades y derechos, se trata del acceso a la justicia social a una identidad –las mujeres– que fue históricamente oprimida por la lógica dominante machista y patriarcal en la que vivimos.

 

Paridad salarial

Hagamos el ejercicio de intentar buscar un ejemplo de alguna mujer mediocre que trabaje en un alto cargo y que tenga incidencia real en la toma de decisiones. Difícil, ¿no? Ahora hagamos lo contrario, probablemente sobren los dedos de la mano para pensar en varones que, independientemente de su nivel académico, obtienen lugares privilegiados en el mundo laboral. Este tipo de discriminación sucede históricamente en todo el mundo.

En nuestro país, una mujer gana hasta un 70 por ciento menos que un hombre por realizar la misma tarea, y todas las decisiones que tome en su vida privada vendrán a profundizar aún más esta desigualdad. Por ejemplo, si decide tener hijos, quedará, en muchos casos, relegada del mundo laboral porque son pocas las empresas que cuentan con guarderías o áreas para contener a la mujer en esa situación.

En Argentina, una mujer gana hasta un 70% menos que un hombre por realizar la misma tarea.

Por otra parte, el acceso a la educación se condice mucho con la feminización de la pobreza: chicas jóvenes con pocos recursos que, si no quedan embarazadas y, por tanto, fuera de las aulas, quedan encerradas en su casa a cuidar a sus hermanos menores.

La paridad laboral es uno de los reclamos centrales de la Women’s March, la marcha feminista que se da desde hace dos años a nivel mundial y que surgió para protestar contra las políticas machistas de Donald Trump.

El mismo reclamo se producirá el próximo 8 de marzo de este año, cuando se realice el segundo Paro Internacional de Mujeres. El carácter “internacional” demuestra que la opresión a la mujer es histórica y mundial, aislada del contexto, cultura o idioma que posean las personas.

Más allá de la TV

La revolución feminista que se refleja en los medios masivos de comunicación busca resignificar la identidad de la mujer, para pasar de ser objetos a sujetos.

No queremos que se convierta en una nueva moral, sino en una explosión de deseo y libertad, porque la revolución hoy es ser felices.

“Todo el mundo lo sabía”, cuentan las víctimas hoy en la pantalla chica. No había nadie para oír caer al árbol al que se refería Berkeley, porque hoy la percepción que nos vuelve conscientes de la existencia es inevitable.

Ahora sí, se acabó la impunidad.

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