La filosofía y la infección del Coronavirus

La filosofía y la infección del Coronavirus

Todo está en cuestión, aunque nada vaya a cambiar.


 

Los vientos que desató la vidriosa pandemia del Covid-19 en Europa y en América Latina afectaron no sólo la salud de los habitantes del Viejo y del Nuevo Mundo, sino que además desempolvaron los cerebros de sus filósofos, que a veces dormitan más de lo aconsejable, salvo honrosas excepciones. Cosas de la academia y de la vida bucólica y apacible.

La discusión sobre las consecuencias que traerá la presencia del inoportuno bacilo atrapó a los filósofos, que comenzaron a especular sobre el futuro inmediato, intentando anticiparse y calmar las angustias propias y de los demás mortales que rumian sus penas sobre la Tierra.

De esta manera, se plantearon la vuelta del comunismo (Zlavok Zizek y Alian Bourdié); la revitalización del capitalismo (Byung-Chul Han), el fin de Donald Trump (Judith Butler) y la teoría conspirativa de que “agotado el terrorismo como causa de procedimientos de excepción, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para ampliarlos más allá de cualquier límite” (Giorgio Agamben).

 

Zizek: la reinvención del comunismo

El más rápido de reflejos, el primero en publicar su ensayo fue el filósofo esloveno Zlavok Zizek, al que tituló “Pandemia! Covid-19 sacude al mundo”, en el que intentó desnudar las falencias de las democracias liberales, tan jaqueadas por el momento.

Zizek, un marxista heterodoxo, cree que la salida tras la crisis del Coronavirus será alguna especie de “barbarie o alguna forma de comunismo reinventado”. Después de definir a la pandemia como “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista”, lo que podría ser interpretado desde estas lejanas tierras argentinas como una expresión de deseos, más que como un análisis filosófico de la crisis, el esloveno opina con lucidez que no crecerá la “solidaridad entre los pueblos”, porque el “instinto de supervivencia” es, intrínsecamente “racional y egoísta”.

Finalmente, el filósofo consideró lúcidamente que “los medios nos lanzan repetidamente el mensaje de ‘no caigan en el pánico’ y, a continuación, disponen una serie de datos que nos llevan necesariamente al pánico”, destacando la función de los difusores del miedo que generalmente asumen los medios hegemónicos de los países centrales y de algunos periféricos.

 

Berardi: La irritación de la Tierra

El boloñés Franco “Bifo” Berardi, en cambio, escribió “Crónica de la Psicodeflación”, un artículo que encabezó con una frase de la canción de Jefferson Airplane (Paul Kantner), “Eres la corona de la creación”, que plantea que a pesar de que eres “la corona de la creación, no tienes un lugar adonde ir”.

Berardi fue más lejos que sus colegas Slavok, Giorgio Agamben y Judith Butler, la norteamericana que desarrolló sus teorías “queer”.

El italiano planteó que “la Tierra ha alcanzado un grado de irritación extremo, y ​​el cuerpo colectivo de la sociedad padece desde hace tiempo un estado de stress intolerable: la enfermedad se manifiesta en este punto modestamente letal, pero devastadora en el plano social y psíquico, como una reacción de autodefensa de la Tierra y del cuerpo planetario”.

Berardi, que estuvo preso en los 70, cuando apoyaba al grupo “Autonomía Obrera” y fue el creador de Radio Alice y del primer canal de televisión comunitaria en su país, cree que “el efecto del virus radica en la parálisis relacional que propaga. Hace tiempo que la economía mundial ha concluido su parábola expansiva, pero no conseguíamos aceptar la idea del estancamiento como un nuevo régimen de largo plazo. Ahora el virus semiótico nos está ayudando a la transición hacia la inmovilidad”.

Adicionalmente, el italiano advierte que “no estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo”, pero a la vez se esperanza con que “el virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir. La igualdad ha vuelto al centro de la escena. Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que vendrá”.

 

Leonardo Boff: La pandemia del desastre

El prolífico escritor brasileño es teólogo, filósofo y ecologista. A los 81 años, su pluma aún sigue inquietando a las conciencias.

En un artículo que tituló “Coronavirus: El perfecto desastre para el capitalismo del desastre”, Boff destacó que “la pandemia actual del coronavirus representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de habitar la Casa Común, la forma como producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza”, en línea con el pensamiento del Papa Francisco, que éste desarrolló en la Encíclica Laudato Si (Alabado Seas).

Boff cree que “ha llegado la hora de cuestionar las virtudes del orden capitalista: la acumulación ilimitada, la competición, el individualismo, la indiferencia frente a la miseria de millones de personas, la reducción del Estado y la exaltación del lema de Wallstreet: “greed is good” (la avaricia es buena). Todo esto se ha puesto en jaque ahora. Aquel ya no puede continuar”.

Cuestionando las políticas de ajuste al bienestar del Pueblo que encararon los gobiernos neoliberales surgidos al calor del Consenso de Washington, el teólogo franciscano expresó que “lo que nos podrá salvar ahora no son las empresas privadas sino el Estado con sus políticas sanitarias generales, atacado siempre por el sistema del mercado ‘libre’, y serán las virtudes del nuevo paradigma, defendidas por muchos y por mí, el cuidado, la solidaridad social, la corresponsabilidad y la compasión”.

Después de traer a colación el reconocimiento del presidente francés Emanuel Macron de que “lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado”, el ex hermano brasileño de ls Orden de los Hermanos Menores Franciscanos reflexionó que “esta pandemia ha producido el colapso del mercado de valores (bolsas), el corazón de este sistema especulativo, individualista y anti-vida, como lo llama el Papa Francisco. Este sistema viola la ley más universal del cosmos, de la naturaleza y del ser humano: la interdependencia de todos con todos; que no existe ningún ser, mucho menos nosotros los humanos, como una isla desconectada de todo lo demás. Más aún: no reconoce que somos parte de la naturaleza y que la Tierra no nos pertenece para explotarla a nuestro antojo; nosotros pertenecemos a la Tierra”.

Seguidamente, advirtiendo el futuro que le depara a la humanidad el maltrato de la Tierra, Boff escribió palabras que quizás sean proféticas, al prevenir que “esta pandemia no puede combatirse sólo con medios económicos y sanitarios, siempre indispensables. Exige otra relación con la naturaleza y la Tierra. Si después que la crisis haya pasado no hacemos los cambios necesarios, la próxima vez podrá ser la última, ya que nos convertiremos en enemigos acérrimos de la Tierra. Y puede que ella ya no nos quiera aquí”.

Finalmente, el exreligioso realizó un llamamiento y una alabanza.

“Las mujeres, como nunca antes en la historia, tienen una misión especial: ellas saben de la vida y del cuidado necesario. Ellas pueden ayudarnos a despertar nuestra sensibilidad hacia los otros y hacia nosotros mismos. Ellas junto con los trabajadores de la salud -cuerpo médico y de enfermería- merecen nuestro apoyo sin límites. Cuidar a quien nos cuida para minimizar los males de este terrible asalto a la vida humana”.

 

Platón, el primer comunista

No fue el primer filósofo de la antigua Grecia, pero muchos de sus sucesores consideran que con él comenzó todo. Un profesor le enseñó a este cronista en tiempos pasados que la filosofía es su historia y que Platón fue su iniciador, más allá de Sócrates,  los presocráticos y los pitagóricos.

Europa reaccionó nombrándolo asiduamente por estos días. Los filósofos de izquierda, para nominarlo como uno de sus antepasados. Los de derecha, para desmentir su presunta filiación comunista, alegando que su negación de la propiedad privada fue, en realidad, una propuesta para crear una élite burguesa, muy alejada de las pretensiones de sus enemigos izquierdistas.

El filósofo griego, un hombre escéptico acerca de la naturaleza del poder, exigía en su obra máxima, La República, la existencia de una casta de filósofos gobernantes y guerreros que no poseyeran bienes materiales. En una palabra, no debía existir la propiedad privada para las clases que detentaran el poder del Estado.

Sí aceptaba Platón la existencia de la propiedad privada –controlada por el Estado- para la clase de los artesanos, que se convertirían así en la burguesía de aquellos tiempos. De esta manera, el ateniense creía que se evitaría la corrupción, el enriquecimiento personal a través de la influencia de los gobernantes y el uso del poder a favor de los intereses personales.

Aún más radicalizado que su sucesor, Carlos Marx, Platón llegaba hasta a proponer que no existiera el matrimonio y que la crianza de los hijos fuera colectiva, negando la vigencia de la familia como institución social básica.

Al fin y al cabo, Platón planteaba para los guardianes –los soldados- y para los gobernantes un tipo de vida sacrificada, que exigía una entrega total, centrada solamente en velar por el bien común.

Y ésta sigue siendo una premisa ineludible, aún en estos días.

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