Fernando Iglesias quiere a los mapuches “en bolas y sin celular”

Fernando Iglesias quiere a los mapuches “en bolas y sin celular”

Poseído por un demonio de la sinrazón, Fernando Iglesias tuiteó de manera absurda contra los mapuches, a los que les propuso "andar en bolas y cazar guanacos con boleadoras", entre otras tonterías.


El inefable precandidato a diputado nacional por Cambiemos, Fernando Iglesias, trepó otro escalón en su competencia por erigirse en el “Gorila Número Uno”, un podio en el que todavía tiene un duro camino por recorrer, aunque pareciera estar dispuesto a esforzarse para alcanzar la gloria.

Empapado como está el aspirante al escaño parlamentario, de los temas que angustian a su Gobierno, esta vez se refirió en términos despectivos a la “gente de la tierra” -eso significa mapuche- que se encuentra en conflicto en la Comunidad Pu Lof, en Cushamen, Chubut. Los dueños ancestrales del territorio, cuya existencia y cuya residencia en Cushamen es muy anterior a las de los descendientes de los europeos, exigen que se les reconozca la propiedad de una parte de la Estancia Leleque, que pertenece al muy progresista empresario textil italiano Luciano Benetton.

El 1º de agosto, en Cushamen, tras una violenta irrupción de la Gendarmería Nacional en la Comunidad Pu Lof, desapareció después de haber sido detenido, el joven de 28 años Santiago Maldonado. El lonko de la comunidad Pu Lof es Facundo Jones Huala, que lidera el movimiento Resistencia Ancestral Mapuche, cuyos militantes han sido acusados en varias ocasiones de protestar con sus rostros ocultos y de encarar acciones violentas.

Este jueves, alrededor de las 0:30 de la madrugada, el incomprendido aspirante a diputado nacional, nada menos, se sintió obligado -entre las brumas de una noche desapacible- a intervenir en una cuestión sobre la que mucho se ha hablado, que viene a ser una de las debilidades del profesor de educación física devenido en intelectual descomprometido.

Fue así que, poseído por los vahos de la oscuridad, Iglesias se atrevió a proponer que para que se les reconozca la posesión de sus tierras ancestrales, los mapuches deberían primero retrotraerse al siglo 18, es decir que “nada de celular, ni vacunas, ni heladeras”, por lo que los mandó “a vivir en carpa, andar en bolas y cazar guanacos con boleadoras al grito de Abajo Occidente!”. Quizás se haya inspirado en el funcionario del Banco Central Lucas Llach, que corre a los camélidos en similares condiciones.

Como es tan inteligente, Iglesias abundó en su apoyo para que “les reconozcan un territorio a los mapuches con una condición: que vivan como sus ancestros, para preservar su cultura”.

Llegados a este punto, a Iglesias le aparece un problema. Sus antepasados eran originarios de la remota, católica y medieval España, adonde se alimentaban de vegetales cultivados en la huerta, de feroces chanchos de monte y de gallinas veloces (que debían ser cazadas de a pie). Las virtudes que exige ese nivel de vida no están en posesión del asiduo visitante de los canales de TV, porque esta es una actividad que ablanda los músculos y propone un estilo de vida más cercano a la molicie que a la violenta e incansable actividad que desarrollaban sus antecesores.

Volver a semejante forma de vida quizás le enseñaría al deslenguado aspirante a regresar al Congreso algunas cuestiones. Para empezar, debería llegar a América para conquistarla, porque ahora el trabajo ya está hecho, pero en la época a la que él quiere remontar a los mapuches, la pelea aún estaba en desarrollo. Entonces, Iglesias debería vestir el peto, el espaldar y el yelmo del combate y lanzarse a ensartar a los aborígenes con su pesado estoque. El segundo problema es que los mapuches no se dejaban ensartar tan sumisamente, es más, era legendario el valor de sus combatientes, que luchaban para defender a su tierra, a sus familias y a su cultura. Ésta incluía un extremo respeto por esa misma tierra que se les arrebató a sangre y fuego, en durísimos combates.

Una vez munido el locuaz aspirante de sus implementos de combate, debería allegarse hasta el campo de batalla para enseñarles disciplina a esos insumisos, incultos y desoccidentalizados hombres de esa tierra en la que están viviendo hoy. Claro, que Iglesias debería dejar detrás a los bravos gendarmes y adentrarse solo en territorio enemigo, lo cual este cronista desaconsejaría calurosamente.

Resumiendo: quizás lo más sencillo sería que el profe se arrepintiera por haber emitido tan desfortunados conceptos y toda esta parafernalia quedaría en el olvido. Pero es sabido que los necios suelen ser irreductibles, por lo que no es probable que los rayos benévolos de la inteligencia se posen sobre las testas de ciertos poetas del absurdo. Más aún, cuando ya se anticipó a alcanzarlo el rayo de la estupefacción.

Los inteligentes tuits de Iglesias fueron los siguientes:

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