Concluye en Provincia el primer match de la más rara de las campañas

Concluye en Provincia el primer match de la más rara de las campañas

Un miembro de Cambiemos le contó a NU que un sondeo depara un 33% para Unidad Ciudadana, 30% para Cambiemos y 18% para el massismo.


Cristina, Bullrich, Massa, Randazzo y Pitrola. Estos cinco nombres concentrarán prácticamente el cien por ciento de los votos del próximo domingo, descontando las impugnaciones, el voto en blanco y opciones hiperminoritarias. La campaña llega a su momentáneo ocaso con un clima híbrido, una mezcla de que nunca arrancó del todo con la sensación de que jamás terminó desde que comenzara en aquel 2013 la discusión por la sucesión del kirchnerismo.

Sea la más larga de la historia o la menos entretenida, la campaña en la provincia de Buenos Aires tuvo una particularidad con respecto al resto de los 23 distritos y en la que todos parecen coincidir: la rareza. Esa alienación es una confluencia de factores: la candidata con mayor intención de voto fue una reciente expresidenta y se mantuvo casi muda (indirectamente proporcional a la previa del cierre de listas); el postulante del oficialismo ostentó un rol desdibujado y la comandancia proselitista la monopolizó la gobernadora del distrito, y el peronismo fue partido en tres opciones que prácticamente no polemizaron entre sí, casi confesándole tácitamente al electorado que son demasiado parecidos como para perder energía atacándose.

Cristina sorprendió a propios y ajenos con su disciplina silente, en una astuta estrategia que buscó evitar recordarle al electorado que no la quiere todos los motivos por los cuales no la quiere. En su discurso –los que se pudieron ver por YouTube o por TV, porque entrevistas no hubo y sus jefes de campaña evitaron prolijamente anticipar sus recorridas– no hubo una sola propuesta sino la apelación constante al presunto pasado mejor.

A pesar de su procesamiento como jefa de una asociación ilícita y las constantes malas noticias judiciales, Cristina capitanea un espacio que conquistará cerca del tercio de los votos en estas primarias. Según confesó un operador de uno de los candidatos de Cambiemos a Noticias Urbanas, uno de los últimos sondeos recibidos depara 33 por ciento para el Frente Unidad Ciudadana, 30 por ciento para Cambiemos y 18 por ciento para el massismo.

Desde la jefatura de campaña del oficialismo advierten que sobre el final se recortó la brecha y que hay un empate casi perfecto entre Cristina y Bullrich. Más allá de algún runrún –fogoneado por algunos sectores interesados, como el randazzismo o el Frente de Izquierda–, ningún encuestador anticipa un nivel de corte de boleta que supere el promedio bonaerense (suele ser de tres por ciento) y mucho menos que se asemeje al ocurrido en 2015 y que favoreció a María Eugenia Vidal.

El panorama estaría tan reñido que algunos operadores comienzan a sopesar algunas situaciones exógenas al sistema político que también podrían condicionar el resultado. Por ejemplo, crecieron las zonas inundadas en la Cuarta y la Sexta secciones bonaerenses, lugares en donde el voto a Cambiemos es más proclive. Otros auguran que si llega a llover el domingo en el conurbano, el más perjudicado podría ser el cristinismo, por la deserción de los residentes de barrios más vulnerables. Todo pura hipótesis de microclima.

Sobre los últimos días, la desabrida actividad proselitista tuvo un principio de hervor con el gaffe de Bullrich (uno más y van…) transmitido por TV sobre la puesta en prisión de más menores, ante la fatídica expresión facial de la gobernadora. Todo viralizado por redes sociales, demostrando que la inmortalización de la imagen es implacable en las campañas del siglo XXI. También tuvo unos chispazos entre dos viejos rivales: Randazzo y Massa. El hombre de Chivilcoy disparó que en Tigre “el 50 por ciento de la población no tiene agua potable y el 70 por ciento carece de cloacas”. Los massistas salieron a cruzarlo con su pasado reciente cristinista, como si ellos no cargaran con uno similar. Conflictos de actores de reparto en una novela con final que los perjudica.

En la gran batalla por la polarización, el Gobierno tuvo un acierto: logró manejar la agenda más que sus rivales y posicionó el eje de la transparencia, con el tema De Vido como caballito de batalla y en contraposición con toda la oposición, que machacó sobre la economía. Sobre el final se le coló a Cambiemos un infiltrado en el ejército de noticias: el paradero desconocido de Santiago Maldonado tras una represión de Gendarmería en una protesta mapuche en Chubut, asunto que podría darle un dolor de cabeza mayúsculo en caso de confirmarse un desenlace fatal.

Lo que ocurra el día después es una gran incógnita. El improbable triunfo de Cambiemos en Provincia relajaría la contienda para el oficialismo y radicalizaría (¿tal vez?) al cristinismo. Una victoria de la expresidenta por poco margen mantendría la respiración contenida hasta octubre y la exaltación de la polarización alcanzaría otro récord en la escala de Richter. La opción más negativa para Vidal y Macri es la que más dudas (y miedos) genera: ¿qué ocurriría a los gobiernos bonaerense y nacional si Cristina ganase con holgura y Cambiemos casi empatara con el massismo?

El porcentaje de indecisos que surge de las encuestas son prueba de que el pronóstico es incierto y dependerá de las últimas horas previas al domingo. El nivel de participación, que no se lo prevé récord ni mucho menos debido a la aparente apatía del electorado, también incidirá. Lo que seguro plasmarán las PASO es que los argentinos elegirán un escenario que siga dejando a Cambiemos en minoría en ambas cámaras (también en la Legislatura bonaerense) y obligue a sus gobiernos a seguir negociando. En este primer match se verá hasta qué nivel.

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