Muere una mujer, alcanzada por balas policiales

Muere una mujer, alcanzada por balas policiales

Claudia Ovejero fue muerta al quedar atrapada en un tiroteo entre policías y ladrones. Cuando los vecinos protestaron por la impericia policial. ¿Cómo actuó la Policía de la Ciudad? ¿Qué dijo Larreta?


Policías bonaerenses que perseguían a unos delincuentes que huían en un automóvil se tirotearon con éstos y, como resultado de su heroísmo, una mujer que no tenía nada que ver con el episodio fue muerta por una bala que le ingresó por un ojo, con orificio de salida por su oído.

Los delincuentes venían huyendo desde Lanús, adonde robaron una camioneta, aunque la persecución se inició en Avellaneda. El raid automovilístico terminó en Aráoz de Lamadrid y Necochea, cuando los fascinerosos abandonaron el Fiat 500 en el que huían y se escaparon a pie.

El hecho ocurrió alrededor de las 23:00. La mujer, que se llamaba Claudia Ovejero, tenía 49 años y se encontraba tomando mate en la vereda de su casa -en Pedro Brin al 1300- con otras vecinas, cuando se produjo el tiroteo. En esos momentos, al intentar regresar a su domicilio, fue alcanzada por el balazo -sería de la Policía bonaerense-, que también habría herido en el hombro a Sandra Bordón, otra de las integrantes de la ronda de mate.

Luciano Álvares, un activista barrial que se desempeña en el Comedor Los Pibes, de La Boca relató que “los policías corrieron a tiros a los supuestos delincuentes y cuando llegaron a la puerta del conventillo siguieron disparando. Las balas eran todas de plomo. Por debajo de las puertas de chapa se veía a las mujeres tiradas y el charco de sangre”.

Ante la dantesca escena, los vecinos comenzaron a gritarles a los policías de la Ciudad, que llegaron en esos momentos, que les dijeran a los bonaerenses que dejaran de disparar y que llamaran a una ambulancia. Todo esto, en medio de la tensión disparada por las mujeres caídas y ensangrentadas y el peligro que corrían todos ellos.

La respuesta policial fue contundente. “Cuando todo el mundo salió a la calle empezaron a reprimir con itakas y balas de goma. Hay vecinos que tienen todas las piernas y brazos marcados por los impactos” siguió su relato Álvarez.

Un brazo intervenido por una Ithaka.

Los policías alegaron que respondieron a una agresión de los vecinos. Paralelamente, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, defendió también a los uniformados al expresar que “la policía no tenía armas con balas“. Un argumento similar esgrimió en 2010 el entonces ministro de Justicia porteño, Guillermo Montenegro, al explicar que la Policía Metropolitana no había matado a nadie en el Parque Indoamericano porque “no tenemos cartuchos de plomo”. En un allanamiento posterior a una sede policial se encontraron miles de esos cartuchos en un armario, como para desmentir al funcionario.

La Boca es un barrio muy propicio para que las balas policiales impacten en sus vecinos.

Horas después, alrededor de las seis de la mañana, la vecina baleada en el ojo murió en el Hospital Argerich, adonde fue conducida tras el tiroteo, el mismo lugar al que fue conducida la que resultó herida en la clavícula.

Paralelamente, un joven de 16 años fue abandonado a las puertas del Hospital de Clínicas, con un balazo. Se trataría de Cristian Roa (a) Chanchi, que ya poseería un cierto prontuario policial. Roa llegó hasta allí conducido por sus cómplices en un automóvil Volkswagen Bora de color blanco. Ahora goza de una custodia policial.

Una zona mortal

Los antecedentes de la actuación policial en La Boca no son alentadores. El nueve de noviembre de 2015, el policía metropolitano Ricardo Ayala disparó tres veces contra Lucas Cabello, con quien había tenido una discusión. El joven sobrevivió milagrosamente. El 15 de diciembre de 2014, el joven Nehuén Rodríguez circulaba con su moto por la intersección de Brandsen y Carrillo cuando fue atropellado por una camioneta de la Policía Metropolitana. El expediente estuvo plagado de irregularidades, con el objetivo de proteger a los uniformados.

El ocho de septiembre de 2011, el policía metropolitano Enzo Álvarez corrió y redujo a un ladrón, llamado Bruno Pappa. Una vez en el suelo, le pegó un tiro en la cabeza y lo mató. El siete de febrero de 2015, el policía Sebastián Torres presiguió a Roberto Autero, un menor de 16 años y, según su testimonio, le disparó de frente para matarlo. Las pericias desmintieron la versión del policía cuando descubrieron que el balazo había impactado al chico en la nuca.

La Boca y Barracas son barrios muy propicios para que las balas busquen deliberadamente los cuerpos de sus vecinos. Habría que revisar las ondas magnéticas que cruzan esa zona de la ciudad.

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