In Memoriam de Javier Valdéz Cárdenas

In Memoriam de Javier Valdéz Cárdenas

El 15 de mayo pasado, asesinaron al periodista Javier Valdéz Cárdenas en Culiacán. Fueron los narcotraficantes, que contaron con una evidente complicidad estatal. ¿Matarán al periodismo?


Hace apenas tres días -el 15 de mayo- mataron en Culiacán, Sinaloa, a Javier Valdéz Cárdenas, un extraordinario periodista mexicano que había ganado en 2011 el premio Moors Cabot que otorga la Universidad de Columbia y el Premio Internacional a la Libertad de Prensa que le otorgó el Comité Internacional para la Protección de Periodistas.

Habían sido impactantes las palabras del periodista al recibir el Moors Cabot. “En Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el Gobierno, en un campo sembrado por explosivos“. Lejos de su tierra, rodeado de los lujos que lo arrullaban en el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el periodista no había olvidado ni a su tierra ni a su gente.

Conciente del peligro que lo rodeaba, aunque estuviera a más de cuatro mil kilómetros de su ciudad, Valdéz Cárdenas denunció proféticamente -pleno de conciencia crítica- que “esto es lo que la mayoría del país vive. Uno debe protegerse de todo y de todos, y no parece haber opciones ni salvación y a menudo no hay nadie a quien acudir“.

El 15 de mayo, a unos metros de la redacción de Ríodoce, el semanario del que había sido uno de sus fundadores, unos sicarios lo bajaron de su auto y le dispararon doce veces “con arma corta”, según la cadena Televisa. Circulaba, dijeron por la calle Vicente Riva Palacio, en la Colonia Almada de Culiacán, pero esos son datos menores.

Lo que importa lo había dicho antes Valdéz, en este tiempos en los que el periodismo yace herido de muerte, agraviado por las operaciones políticas, por la inescrupulosidad empresarial y por las luchas de poder. “El buen periodismo, valiente, digno, responsable, honesto, no tiene sociedad alrededor“, dijo cuando alguien lo entrevistó, un par de años atrás. “Está solo -continuó- y eso habla también de nuestra fragilidad, porque significa que si van contra nosotros, los periodistas y nos hacen daño, no va a pasar nada“.

Hace apenas un tiempo -el 24 de marzo, para ser exactos-, fue asesinada en el estado de Chihuahua la periodista Miroslava Breach, una querida amiga de Valdéz (ambos eran corresponsales del diario La Jornada, ella en Chihuahua y él en Sinaloa). Conmovido por su muerte, escribió: “Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio“.

Portador de un humanismo valiente y profundo, agradeció el Premio Moors Cabot diciendo que “dedico este premio a los valientes periodistas y a los niños y jóvenes que viven una muerte lenta“, aclarando que “he preferido dar un rostro y un nombre a las víctimas, crear un retrato de este panorama triste y desolado, en lugar de contar las muertes y reducirlas a números“.

Valdéz Cárdenas prefirió escribir que callarse, denunciar antes que morir por omisión. Porque no hay peor silencio que el que nace de la cobardía. Los valientes son los que cuando vienen por ellos siguen haciendo las mismas cosas que los pusieron en peligro, con la pasión de siempre y con la misma responsabilidad.

En 2017 asesinaron en México a seis periodistas, aunque quizás, a este ritmo, la cifra podría haber aumentado. Paralelamente, en los primeros cuatro meses del año 2017 asesinaron en Sinaloa, el estado en el que vivía Valdéz Cárdenas, a 492 personas. Desde 2000, fueron eliminados violentamente 105 periodistas. La muerte se ensaña con absolutamente todos los que cuestionan las relaciones espúreas entre el poder y el narcotráfico, pero no es una muerte anónima. Generalmente, las muertes se producen delante del público y de los familiares de los asesinados. La propia Miroslava Breach fue baleada mientras arrancaba su auto para llevar a su hijo de 14 años al colegio.

Hasta ahora, la dura respuesta del presidente Enrique Peña Nieto fue crear, ante cada caso de asesinato, una nueva fiscalía de “Libertad de Expresión”. El problema es que al que ejercer tal franquicia un perodista, lo espera un balazo a la vuelta de la esquina, por lo que la sagrada libertad se convirtió en el camino más corto hacia el cielo. Eso sí, de proteger la libertad de los periodistas, nadie habla. En este caso, defender la Libertad de Expresión se vuelve una carta blanca para que maten a todos los periodistas que la ejercen molestando al poder.

Hace algún tiempo, en plena campaña electoral, alguien afirmó que existía un narco-estado en Argentina. Si no fuera porque la frase resulta patética en el contexto de ese verdadero narco-estado que es el mexicano, se podría ejercer un ácido humor ante tamaña afirmación.

En homenaje a Javier Valdéz Cárdenas, sólo diremos que la estupidez no es una virtud y que las palabras deben ser usadas con responsabilidad y exactitud. Lo contrario sería, precisamente, ejercer la necedad.

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