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Peronismo: A la cuarta lista de Vidal le falta candidato

Por Horacio Ríos / 11 de enero 2017

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Ninguno de los que fue a José C. Paz mide más de cinco puntos. Pero ella necesita quitarle al peronismo al menos diez o doce puntos. El problema radical. El problema peronista. Las internas Pro.

Vidal, Mauricio y Jorge Macri, los que más miden del Pro, en ese orden.

Hay varias premisas que será necesario tomar en cuenta para saber qué pasará con la “cuarta lista” en las elecciones legislativas que se realizarán este año en territorio bonaerense. La primera es que la gobernadora, María Eugenia Vidal, necesita imperiosamente acrecentar su poder, no sólo por razones propias, sino para potenciar las posibilidades de que la fuerza que integra, Cambiemos, dure ocho años en el poder. En esta batalla, un triunfo en la Provincia de Buenos Aires es de unaextrema importancia, por lo que no se escatimarán esfuerzos para tal fin.

Vidal, la figura política que más creció en este primer año de éxitos y fracasos de Cambiemos, será la responsable de desplegar en territorio bonaerense una política y no sólo una gestión, que más bien se engloba dentro de aquella. En la primera premisa que está desarrollando Vidal, existe una controversia con algunos de sus adláteres, entre ellos, los enrolados en la línea “Pro puro”, que encarnan especialmente Marcos Peña y Jaime Durán Barba, que piden candidatos con perfil propio. Inclusive, la aparición en el escenario del médico cerebral Facundo Manes apoya esta línea de trabajo.

Vidal, por el contrario, necesita imperiosamente del pragmatismo. Lo que no puede construir, deberá comprarlo hecho. Hasta ahora, los resultados de su raid en ambulancia para recoger heridos peronistas fueron magros y ésta es la segunda controversia. Las figuras del peronismo que fueron reclutadas -excepto Joaquín de la Torre- o lideran municipios de ocho mil habitantes, como Francisco Echarren (exintendente de Castelli) o fueron figuras de primera línea en la provincia en la era prekirchnerista (Duhalde, Cariglino, Rico) y en estos tiempos están más cerca del merecido reposo otoñal que de las glorias electorales.

Dicho en buen castellano, para que la estrategia de la “cuarta lista” le sirva a Cambiemos, es necesario que ésta alcance, como mínimo, los diez o doce puntos en las legislativas. La necesidad de este guarismo se explica porque enfrente se alza un peronismo que, aunque salió herido en la batalla electoral de 2015, aún es capaz de alcanzar cifras muy altas en el próximo comicio y en cualquier otro. En este punto, es necesario recordar que la mandataria provincial se impuso por cuatro puntos y medio -consiguió el 39,64 por ciento de los votos- por sobre el candidato peronista, que obtuvo -en una pésima elección- 35 puntos y monedas.

El problema estaría más o menos resuelto si la candidata que jugara sus fichas fuera Vidal, que es, dentro de Cambiemos, la que mejor mide por lejos. Las posibilidades que baraja el oficialismo hasta ahora fluctúan entre Manes, Elisa “Lilita” Carrió y Jorge Macri. La preferencia de la gobernadora se inclina ante el último, tiene el apellido, muestra una gestión que puede ser óptima o no, pero logró la reelección como intendente de Vicente López y es un hombre que está en carrera. A no ser que ninguno de ellos asegure una buena elección, medidos en los próximos tres o cuatro meses, de allí saldrá el candidato.

Otro problema es que, como sus propios “amigos peronistas” no miden más de cinco o seis puntos, Vidal debió poner el ojo sobre otros candidatos posibles, más insertados en la actualidad. Desde mitad del año pasado, el principal objetivo del oficialismo fue tentar a Julián Domínguez para que asumiera el rol de desertor y pasara a vestir la casaca de Cambiemos. Es justo recordar que hasta ahora, Domínguez desechó la jugosa propuesta.

La otra opción que barajan los operadores de Cambiemos se llama Diego Bossio. Desde la mención a aquellos “sandwichitos” y su posterior docilidad en el acompañamiento de las iniciativas del oficialismo en la cámara baja, el extitular de la ANSeS se convirtió en el exkirchnerista más confiable y, por lo tanto, en el preferido. De todos modos, como Bossio se propone seguir en la política desde adentro del peronismo, hasta ahora rechazó los convites y los actuales “sandwichitos”. Inclusive, alguno de sus asesores se mostró sorprendido al ser interpelados por este tema.

La tercera opción que exploró el oficialismo fue la del tándem Florencio Randazzo – Grupo Esmeralda. Los operadores de Vidal esperaban utilizar en su favor el rencor que guardó Randazzo al abandonar el terreno en las elecciones del año pasado, frustrado por haber sido desechada su candidatura presidencial por el Frente para la Victoria. En su intento de seducción, el oficialismo le entregó al Grupo Esmeralda la Defensoría del Pueblo provincial y sostuvo como vicepresidente de la cámara baja al randazzista Marcelo Feliú, pero fue una generosidad que no fue retribuída por su sí.

El punto que queda pendiente de resolución es el de medir y luego darle cobijo al mal humor de los radicales de Cambiemos. Éstos consideraron desde el principio que se les pagó poco por los servicios que le prestaron a la Coalición, en el camino del triunfo obtenido en las postrimerías de 2015. Éste es, por lo tanto un dilema que antecede a la existencia de negociaciones con el peronismo. De todos modos, toda alusión al peronismo ya les eriza los vellos a los radicales, pero que en la negociación aquellos obtengan lugares en las listas y honores en el Ejecutivo ya es el colmo.

Hasta hoy, el vicegobernador, Daniel Salvador hizo honor a su apellido y, vestido de bombero político, logró apagar los frecuentes fuegos que amenazaban con terminar con Cambiemos. Pero la presencia de otros aliados amenaza de nuevo con actualizar las llamas del descontento de los de la boina blanca y entonces, nuevamente Salvador -devenido casi en un operador del Pro dentro de la UCR- deberá volver a hacer gala de su capacidad negociadora para enderezar los entuertos.

En resumen, la voluntad de triunfo lleva a Vidal a arriesgarlo todo para seguir en el poder. Para eso, la jugada de atraer a aquellos antiguos referentes del peronismo y la de ser el motivo para que otros abandonen sus partidos para pasarse al suyo, espera que le sume para alcanzar sus objetivos. Aún así, algunas de sus elecciones (Rico, Duhalde) no parecen del todo acertadas, pero claro, la necesidad tiene cara de hereje.

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